tag:blogger.com,1999:blog-27699429.post-1155034449728031422006-08-08T12:46:00.000+02:002006-08-08T12:54:10.140+02:00PRIMER DÍA DE PLAYA<img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/400/sol.jpg" border="0" /> El calor apretaba. Eso hacia que la arena de la playa abrasara. Cuando llegamos a la playa de Figueretas, eran las 14:30. No habíamos comido nada desde ayer. Decidimos comprar algo de comer, pero sobre todo, decidimos comprar algo de beber. - ¿Qué vamos a hacer hoy? – La cara de Ángel reflejaba las pocas horas de sueño. Sus ojeras tenían un color violáceo. Su voz, ronca debido al tabaco, salía a borbotones. - Creo que hoy inauguran la sala Amnesia. <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/1600/puerta%20amnesia.0.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/400/puerta%20amnesia.0.jpg" border="0" /></a>Podríamos ir. En internet decían que era una de las mejores discotecas de la isla. – José había estado unas semanas antes recopilando información acerca de Ibiza; sus playas, la fiesta, las zonas de marcha… en fin, todo lo relativo al viaje. - Por mi perfecto. Pero deberíamos encontrar a alguien que nos dejara las entradas algo más baratas. – Las entradas a las discotecas de Ibiza son muy caras. En temporada alta, es posible que la entrada a la sala cueste alrededor de 60 €. Por eso, toda la gente que ha ido a Ibiza dice la misma frase: “si vas a Ibiza, debes olvidarte del dinero. Si no lo haces, no sales de casa”. Y tienen razón. <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/1600/playa3.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/400/playa3.jpg" border="0" /></a> <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/1600/playa1.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/320/playa1.jpg" border="0" /></a><img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/400/playa2.jpg" border="0" /> Cuando terminamos de comprar, llegamos a la playa. Era pequeña, aunque el agua tenia un color azul celeste. La arena era de color pálido. Había gente tumbada en la toalla tomando el sol. <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/1600/tomando%20el%20sol.jpg"><img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/320/tomando%20el%20sol.jpg" border="0" /></a>Se notaba que llevaban horas expuestas al sol. El sudor aparece raudo a su cita con el sol. El color rojo inunda las partes del cuerpo mas expuestas. <a href="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/1600/tomar%20el%20sol2.jpg"><img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/456/2922/320/tomar%20el%20sol2.jpg" border="0" /></a>Otros se entretienen jugando a las paletas, o a la pelota. Algunos, como nosotros, están bebiendo desde hacia tiempo. Al lado nuestro, se encuentran unos guiris con la piel quemada por el sol, con vasos en la mano. Sus ojos, acuosos, reflejan la cantidad de alcohol que llevan en la sangre. Sus pupilas, dilatadas al máximo de su capacidad, muestran el esplendor de la borrachera en la playa. Sus conversaciones, pasan de susurros, a gritos y risas en decimas de segundo. Una de las giris, esta tumbada en la hamaca, con la parte de arriba del bañador quitado. Tiene todo el cuerpo rojo, excepto la espalda, blanca como la nieve. Habla sin parar. Mirando a uno, a otro, a todos. Su mano siempre hace el mismo trayecto. Baja, hasta casi tocar la arena, agarra el vaso de vodka, y lo lleva sin contemplaciones hacia la boca, hacia los labios resecos por el sol. Daniel y yo nos dirigimos al agua. Jose y Angel deciden quedarse para beber un poco. Yo no soporto mucho el sol. Pero tampoco el agua fría. Y el agua de esta playa, estaba congelada. Poco a poco voy mojando mi cuerpo; mis piernas, la entrepierna, el estomago, los brazos, la espalda…. Daniel ya se había metido del todo. Por fin consigo superar el frío, aunque mis huesos se resienten, mi piel se estira por momentos, mi pene se empequeñece, hasta casi desaparecer, mientras mi barriga flota a sus anchas, desplomada sobre el agua. Tengo que quitarme esa barriga, debería ir al gimnasio. A la vuelta, cuando haya trasladado todas mis cosas a mi nueva casa, me apuntare al gimnasio. Comenzamos a nadar, mar adentro. Mi cuerpo se ha acostumbrado a la temperatura del agua. Como pequeños islotes, vamos encontrando gente que, como nosotros, trata de llegar al horizonte. Intenta tocar con sus propias manos, la línea que divide, imperceptiblemente, el cielo del agua. En esos momentos me sentía como si estuvieran en el siglo II. Me sentía como <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Geocentrismo">Aristóteles</a>, observando el firmamento, tratando de entender al universo, aunque fuera equivocadamente. Pero esa sensación acabo rápidamente. Al lado nuestro se encontraban dos chicas. Una morena, la otra rubia. Las miro detenidamente. La morena tiene algo en la mano. Fijo la vista en ese algo. Al principio no podía saber que era, pero, cuando mi cerebro consiguió averiguar, a través de la forma, qué era lo que tenia en la mano, mi pene comenzó a crecer. El agua no podía hacer nada por impedir que mi pene creciera. Mi sangre comenzaba a acumularse, sin piedad en la misma zona. La chica tenía el bikini de la rubia. Trataba de arreglar algo del bikini. Vuelvo a mirar y observo que tiene las dos partes. Tanto la de arriba como la de abajo. Mis ojos, automáticamente, se dirigieron hacia la rubia. El agua me impedía mirar con claridad. Comencé a acercarme, despacio al principio, descarado al final. Lo único que podía distinguir era el color de su piel. Blanca. Acababa de llegar a la isla. Era una piel tersa, suave. Pero sobre todo blanca. El agua permitía, muy fugazmente, distinguir su espalda, su culo. Me imaginaba su culo, moviéndose en el mar. Trataba de reconstruir su cuerpo, sus manos, su estomago totalmente liso. Sus tetas. Serian unas tetas enormes, que flotarían en el agua como una barca. Un yate enorme, el más bonito del puerto. Sus tetas tendrían los pezones erectos, debido al contacto con el agua. Como un reclamo, un anzuelo para los incautos peces, que, creyendo que es comida, acudirían a comerle los pezones. Entonces ella, con un arpón en la mano, mataría a todos los peces que se acercaran. Impasible, desafiante. No dejaria que ningún animal, racional o no, le comiera los pezones. Son su tesoro mas preciado. Son joyas que brillan, a pesar del espesor y el color del agua. “Vamos, Pastor, dila algo. Tienes que llevártela a la cama. Tienes que verle las tetas. No puedes vivir de tu imaginación, continuamente. Te la tienes que llevar a la cama, metérsela por detrás, para verla sus nalgas blancas. Para oírla como gime de placer. Vamos Pastor, haz algo”. Me acerco cada vez más a ella. El agua hace que la velocidad a la que trato de llegar a la rubia sea muy lenta. 4 metros. 3 metros. Ya estoy llegando. Me queda muy poco. Comienzo a nadar. Quiero llegar cuanto antes. Quiero ser el primero que conquiste ese islote. Quiero conseguir que esa rubia se desnude solo para mí. Los peces no tienen derecho a observar su cuerpo. Nadie puede comer de sus pezones. Solo yo. Solo mi pene puede penetrar su cuerpo, atravesar su alma, oír sus gemidos de placer. Mi pene es el único que puede hacerla feliz. Nadie más. Los peces no pueden. Los humanos tampoco. 2 metros. 1 metro y medio. Estoy muy cerca. Seguro que es guiri. Así que en los pocos segundos que me quedan para llegar a ella, trato de pensar alguna frase. Algo bonito, gracioso. Pero no se me ocurre nada. Mi mente me engaña diciéndome que, cuando la tenga delante, seguro que se me ocurre algo. 1 metro. La puedo tocar. La puedo oler. Puedo saborear su piel, puedo rozar su pelo. De repente, un chico aparece de debajo del agua. Justo detrás de ella, la envuelve con sus brazos, por el cuello. Acerca su boca a su oreja. Veo como su lengua recorre el contorno de la oreja, para, poco después, introducirla por el agujero. Veo la cara de la rubia. Sus ojos, entornados miran al cielo. Le gusta. Quiere más. Quiere que alguien la penetre. Quiere tener un orgasmo, allí mismo, en el agua. Necesita que alguien consiga llegar muy dentro de ella, necesita que alguien consiga hacerla disfrutar, porque ella, quiere hacerlo. Y, desgraciadamente, como casi siempre, yo no voy a ser el que la haga feliz. Me paro en seco. Me doy la vuelta y comienzo a nadar hacia la orilla. Lo mas deprisa que puedo. Mi pene comienza a empequeñecerse. Desaparece por completo a la quinta brazada. Necesito eyacular. Necesito deshacerme de mi semen. Esta infectado de escoria. Esta impregnado de la saliva de la lengua del chico. Quiero vaciarme por dentro. Quiero estar limpio. Llego a la orilla. Miro a mi entrepierna para comprobar que la erección ha disminuido, antes de salir del agua. Ya no esta. Me han cortado el pene. La rubia me lo ha arrancado de cuajo, con el arpón que tenia escondido entre su chocho. Y yo, como gilipollas, acudo a ella, atraído por sus pezones. Mis amigos están bebiendo. El whisky comienza a esparcirse por las venas, mezclado en la sangre infectada. - Acaba de venir un relaciones públicas. Se llamaba Eric. Nos ha dicho que nos deja las entradas del Amnesia a la mitad de precio. 25 euros cada uno con consumición. Trabaja justo aquí al lado. – Como casi siempre, es a José al que más se le nota la borrachera. Ángel se encuentra tumbado en la toalla. Es incapaz de abrir los ojos. Los parpados son como sacos llenos de piedras. Y a Ángel le resulta imposible levantar esos sacos. - Tendrá bastantes entradas ¿no?. – Miro a José. Me gustaría estar borracho ahora mismo. Olvidarme de todos, de todo. Meterme en la burbuja de ayer, tratar de pasar desapercibido, invisible. Me gustaría estar con la amiga de Ann, poder hablar del tiempo, de libros, o, simplemente, no hablar. Simplemente pasear, agarrados de la mano. Observando al resto de los seres que pueblan la Tierra, poder estudiar su comportamiento, sus gestos, sus miradas, sus palabras. - Si. Le he dicho que me reserve 4. Esta noche vamos a su bar, nos tomamos algo, compramos las entradas, y nos vamos de fiesta. Las 4 de la tarde. Decidimos recoger las toallas e irnos hacia el hotel. Antes volvemos a ir a la tienda de antes a comprar más comida y bebida. Por el camino apenas articulo palabra. Esta noche me voy a emborrachar. Esta noche quiero no tener vergüenza. Quiero dejar de ser un mierda por una noche, para convertirme en el hombre que siempre quise ser. Esta noche voy a dejarme los complejos atados en la maleta, junto con mi antigua alma. Voy a salir a por todas. Voy a salir a por ellas. Me vengare de la rubia. De todas las rubias con las tetas enormes y las nalgas blanquecinas que tienen un arpón guardado en su entrepierna.Pastornoreply@blogger.com