miércoles, julio 26, 2006

Son las 00:30 de la noche. El autobús acaba de hacer parada en la puerta de nuestro hotel. Los cuatro nos bajamos inmediatamente del autobús, gritando, cantando, bailando… Recogemos nuestras maletas. Nadie más se baja del autobús. - Joder. Nadie se baja aquí. Debe ser una puta mierda – José dice esto, mientras observa la fachada del hotel. Según la pagina de Internet, el hotel tiene vistas al mar. Pero, de momento, no hemos visto nada de agua. - No sabemos como es el hotel todavía. Vamos a esperar – Daniel esta mirando a José mientras trata de bajar su maleta del autobús. Yo ya he bajado la mía. No he vuelto a oír ningún ruido. Mi alma debe estar exhausta, cansada de tanto gritar, patalear, tratando de salir de la maleta. No lo ha conseguido. Lo se por el peso de la maleta. La tengo encerrada. Lo primero que haré será atarla para que no se escape y luego la atare una piedra enorme y la tirare al mar. En la parte más profunda del mar. Para no verla más. Para perderla de vista para siempre. Ahora mismo no tengo alma. Mi cuerpo se esta pudriendo por dentro. Pero dentro de poco todo cambiara. Lo se. Lo importante, ahora mismo, es disfrutar. Voy a tratar de olvidarme de todo, de mi alma, de mi novela… pero sobre todo, tratare de olvidarme de la niña de mis ojos. Intentare que a mi mente no acudan recuerdos de ella, los encerrare, como a mi alma, para que no aparezcan por ningún sitio. Procurare rodearme de chicas guapas, intentare aprovecharme de ellas, tratare de besarlas, de tocarlas, de follarlas: “Eres Dios, Pastor. Olvídate de la niña de tus ojos. Olvídate de ella para siempre. Es historia, Pastor, Historia.”. Entramos en el hotel. No hay nadie en la recepción. Esperamos. Me siento cansado, exhausto. Mis oídos todavía no se han estabilizado. Me duelen. Es como si tuviera a un duende con un tambor enorme, y estuviera tocándolo rítmicamente, lo mas fuerte posible. Poooooom. Pooooooom. Ya se lo que es. Es mi corazón. Se ha subido al cerebro. No quiere quedarse allí, solo, encerrado en la caja torácica con la simple compañía de unos pulmones negros debido al tabaco. Mi alma ya no esta en el cuerpo. Mi alma hacia compañía a mi corazón. Pero ahora ha desaparecido, y mi corazón, echa de menos un alma, alguien con quien hablar, alguien por quien latir. Por cierto, no he parado de fumar. En cuanto el avión ha pisado tierra y hemos recogido las maletas (no sin antes tener un pequeño susto. La maleta de José y Daniel no aparecían por la cinta por la que salía el equipaje). Es curioso como, el momento de recoger la maleta, es el momento de más tensión de un viaje. Siempre piensas que han llegado todas las maletas del mundo (incluso maletas de otros viajes), excepto la tuya, que ahora mismo estará en Singapur, y estará siendo abierta por unos empleados hindúes, que se quedaran con todo lo de valor que llevaras metido (no llevas nada, porque todo lo de valor lo llevas encima, pero ya se sabe…). Por fin aparece un hombre por la puerta que esta detrás del mostrador. Parece extranjero. Moro. No tiene ninguna prisa. Se sienta en la silla. Nos mira. Nos miramos entre nosotros, y luego le miramos a el. Es calvo, sus ojos son negros. Muy negros. Delgado. El traje que lleva es el uniforme del hotel. Camisa azul clara. Pantalones azul oscuros. No lleva corbata, ni pajarita. - Buenas noches. – Si, es moro. El acento le ha delatado. - Hola, buenas noches. Teníamos reservadas dos habitaciones – José le da los billetes electrónicos junto con el resguardo de la reserva de habitaciones. El hombre, comprueba con demasiada parsimonia las reservas. Mira los papeles, mira la pantalla del ordenador, vuelve a mirar los papeles. Acto seguido saca cuatro especie de tarjetas de crédito. Son las llaves de la habitación. Una es para conectar la luz y otra para abrir la puerta. No tienen el número de habitación. No entiendo como es posible que a una mente privilegiada se le haya ocurrido la idea de utilizar tarjetas de crédito como llaves, y a nadie se le haya ocurrido poner el numero de habitación a las que pertenecen. Imagino que esas llaves se pueden usar en todas las habitaciones y que por eso no se puede poner número a las tarjetas, pero aun así me sorprende que los avances tecnológicos sirvan para solucionarnos la existencia, sirvan para afrontar la vida más cómodamente, y luego, ocurra todo lo contrario. Después de un tiempo indeterminado el hombre nos da las llaves y nos dice el horario del comedor y la ubicación de las habitaciones. - Son las habitaciones 301 y 302. Están situadas en la quinta planta. - Joder, cuantas plantas tiene este edificio??? - Bueno… eh…. Solo tiene cinco plantas, lo que ocurre es que las distribución de las habitaciones se hace por números impares y…. Al recepcionista no le dio tiempo a terminar la explicación, porque ya estábamos Dirigiéndonos al ascensor. Era un ascensor pequeño. Tuvimos que coger los dos ascensores. En el avión habíamos echado a suertes los compañeros de habitación. A mi me toco con Daniel. Las habitaciones no estaban nada mal, aunque nos dieron dos

habitaciones del lado contrario a la playa, por lo que las vistas que teníamos eran de la calle por la que habíamos venido. Soltamos las maletas, y sin arreglarnos, salimos del hotel hacia la zona del puerto. Fuimos andando, ya que no disponíamos de coche todavía (alquilamos un coche, a través de internet para el sábado hasta el lunes por la mañana). Llegamos al puerto después de andar durante cuarto de hora por una avenida bastante amplia. La verdad es que no me esperaba lo que me encontré allí. El puerto estaba vacío. No había ni un alma, pero, al doblar una esquina, de repente, aparecieron los bares de copas, repletos de gente. Según nos íbamos acercando, un chaval joven, con pelos a lo afro, nos ofreció tomarnos una copa en su bar. Nos regalaba la segunda copa y una entrada gratis para una de las discotecas. Optamos por seguir andando. Pero resultaba imposible. Cada cuatro o cinco pasos, un relaciones públicas nos secuestraba, y trataba de meternos en su bar. Era agobiante. Al final optamos por tomarnos las copas en el primer bar. Todos pedimos lo mismo. La primera impresión fue buena, muy buena. La gente no paraba de moverse, de hablar, de cantar, de reírse, de beber. Pero, lo que mas me impresiono, fueron las mujeres. Había mujeres altas, bajas, morenas, con los ojos azules, delgadas… pero sobre todo, estaban buenísimas. No conseguí encontrar a ninguna chica fea. Era fascinante. Trate de retener en mi memoria a todas las chicas, todas sus caras, sus pechos, sus ojos. Intentaba memorizar sus facciones, sus tonos de voz, sus miradas. Pero era imposible. Había cientos, miles de chicas bonitas. Era un sueño. No paraba de mirar, embobado, a uno y otro lado. Mis amigos y yo nos encontrábamos en el cielo. Ninguno tenía novia (exceptuando Daniel, que lleva más de 9 años con su novia Silvia).

Decidimos que, por ser la primera noche, podríamos ir a la discoteca que se encontraba al otro lado del puerto, por dos motivos. Se encontraba cerca de allí, y además la entrada era gratuita. Una de las cosas que más me sorprendió fue que esa discoteca tenía un barco que te llevaba, a través del puerto hasta la discoteca. Cogimos el barco. Mis amigos no paraban de gastar bromas, de salpicar con el agua, de empujar a uno y a otro para intentar tirar al agua al otro. Daniel es un chico fuerte, debido al tipo de trabajo que realiza. Hay veces que no controla su fuerza, y ocurrió, lo que tenia que ocurrir. Ángel se puso de pie en la barca, bailando, y Daniel, le empujo demasiado fuerte. Ángel cayó al agua. Fue un instante. Un pequeño segundo. Ángel trato de agarrarse a la barca, pero no lo consiguió. Despacio, muy despacio, Ángel fue cayendo al agua, primero sus brazos, luego la cabeza, y después el resto. Yo me encontraba justo al lado suyo. Trate de agarrarle, pero no pude. Me asome al borde de la barca, para tratar

de ayudarle, pero la barca siguió su curso, imparable, inamovible. El morro de la barca rompía las pequeñas olas que surgían en el puerto, como un boxeador que golpea a su oponente una y otra vez, antes de tirarle al suelo de un derechazo. La barca llego por fin a su destino. Me parecieron horas, siglos. No nos movimos del embarcadero. La barca regreso por donde había venido. Vimos, a lo lejos, como paraba en mitad del puerto, en el lugar donde Ángel había caído al agua. No se cuanto tardo en regresar la barca, media hora, una hora, dos días. Al fin la barca atraco en el embarcadero. Ángel estaba empapado, temblaba de frío. Sus labios estaban morados, como el ojo del boxeador derribado por los golpes mortíferos de su oponente. Sus dientes resonaban más que la música de la discoteca. Bajo de la barca y se dirigió hacia Daniel. Le propino un puñetazo en la cara. Daniel se echo hacia atrás, de forma instintiva, pero acto seguido, como un toro enrabietado, como un perro rabioso, se lanzo hacia Ángel. Conseguí agarrar a Daniel, antes de que consiguiera su objetivo. Intentaba sujetarle con todas mis fuerzas, pero me resultaba imposible. Al final José me ayudo a detenerle. - Eres gilipollas o que?. ¿Por qué coño has tenido que tirarme? - Pero que coño te crees, que ha sido a posta. - Pues claro que ha sido a posta - Tú eres un cabronazo. ¡Soltarme, coño!, que le voy a dar una ostia… - Tranquilízate, Daniel. Vamos a tranquilizarnos todos. – Trato de imprimir seriedad a mi voz. Pero no puedo. Tengo miedo. Miedo de que mis amigos se peguen, miedo de que me peguen a mí. Miedo de que, al final, el viaje sea una puta mierda. – A ver. Ángel, Daniel solo pretendía gastarte una puta broma. Lo que pasa es que salio mal, vale. No digas que te tiro a posta porque sabes que es mentira. - ¡Y una mierda!. - Cállate de una puta vez, Ángel. Y tu Daniel, tranquilízate, entiende que Ángel este jodido. Pero es que, es más que una putada. Lo que vamos a hacer es volver al hotel, que Ángel se cambie, y regresamos aquí. Una hora después (las 2 de la mañana), entramos en la discoteca. La tensión entre mis amigos era evidente. A Daniel se le comenzaba a apreciar el tono morado del golpe que le había propinado Ángel en el ojo. Fuimos directamente a la barra. Cogimos las copas y nos fuimos al medio de la pista. La discoteca estaba llena de gente. Pero sobre todo, estaba llena de guiris. Alemanes, italianos, ingleses. Todos estaban bebidos, fumados, drogados. Todos. La música me gustaba. La música electrónica inundaba mis oídos. La bebida, comenzaba a realizar su función. Mis pies, comenzaban a moverse. De repente, sin previo aviso, estaba allí. Era la chica más preciosa que había visto en la vida. Ya la había visto un par de horas antes en los bares del puerto. Ahora estaba bailando, moviendo la cabeza. Sus pelos rubios se agitaban, propulsados por una especie de viento interespacial. Por una especie de ventilador que los dioses del Universo habían colocado allí. Especialmente para ella. Sus pechos, subían y bajaban, sin respiro. No puedo dejar de mirarla. Es increíble. - Esta buenísima, ¿Eh?. Pues no te enamores mucho, porque aquí hay cientos como esa. - Pero… Es preciosa. - Ya, y aquella, y esta otra – José me mira directamente a los ojos. Su mirada me produce vergüenza. No puedo mirarle directamente. No lo soportaría – Lo que tienes que hacer es no fijarte en una sola. Amplia tu lista. Admira a todas por igual. Eso si. Una vez que ya has elegido, no te enamores. Nunca. Solo son guiris. Dentro de una semana estarán en su país, en su casa, dando de comer a su gato, y trabajando en una oficina durante 8 horas. No volverás a verlas nunca. Por eso debes aprovecharte de ellas. Porque ellas, se aprovecharan de ti. - Tienes razón José. Pero, y si ocurre, Y si te enamoras. - Estas jodido, Pastor. Que haces, dejas todo lo que tienes y te vas con ella a su país?, Y si no funciona. Ella no querrá quedarse aquí, pudiendo venir todos los años en verano y follarse a todos los chicos que quiera. No lo hagas Pastor. No se te ocurra. - Esta bien, esta bien. La chica se mueve, se dirige hacia donde estamos nosotros. Viene con una amiga. Su amiga es más fea que ella. Un paso, dos pasos. Cada vez esta más cerca. Hace mucho tiempo que no ligo con nadie. Hace mucho tiempo que me he acomodado en el sillón del amor. Hace mucho tiempo que solamente salgo con la niña de mis ojos. No se que decir, que hacer, como actuar. Además no me atrevo a moverme, a hablar. Soy incapaz de gesticular, de andar, de sonreír. El miedo me atenaza. Y mi físico. A pesar de que he conseguido adelgazar estas dos semanas, aun me queda tripa. Además me falta fuerza. Mis brazos parecen hilos. A pesar de todo, mi gordura ha disminuido considerablemente. Aquí esta. Pasa por mi lado. Me mira. Tiene los ojos azules. Se gira hacia su amiga y me vuelve a mirar. No me lo creo. Se están riendo de mí. Lo se. Seguro que me ha salido el mayor grano de la historia en la punta de la nariz. O, sin saber como, mis ojos no se encuentran a la misma altura, sino que bizquean considerablemente. Miro a José. Éste me guiña un ojo. La chica pasa, por fin. La veo dirigirse hacia la barra. Tengo que hacer algo. Tengo que moverme. “Vamos Pastor, haz algo. No puedes quedarte así, mirando como un gilipollas. Tienes que decirla algo, lo que sea”. Mis pies se mueven. Primero el derecho, luego el izquierdo, tropiezo con alguien. No lo se. Sigo andando. No veo a nadie, a nada. Solo veo a la chica. Y a su amiga. Me quedan, aproximadamente 15 pasos para llegar hasta ella. Ya se lo que voy a hacer. Giro 90 grados y me dirijo a la barra que esta en el otro lado de la discoteca. Pido un bolígrafo y una hoja al camarero. Me deja el bolígrafo, pero me dice que no tiene hoja. Cojo uno de los posavasos que hay en la barra. Le doy la vuelta. Blanco. Voy a escribirla algo. Pero, ¿el qué?. “Piensa Pastor, piensa. Algo bonito, directo, sincero”. Escribo esto: “Ya mis ojos están ciegos, por el resplandor de los tuyos. Ya mis labios están mudos, al acercarse a los tuyos. PASTOR”. Le devuelvo el bolígrafo al camarero. Me dirijo hacia ella. Sigue allí. Tratando de pedir una copa. Mis amigos están en la pista. Bailando, saltando, riendo. Parecen indígenas, bailando una danza, alrededor de un fuego. No les hago caso. Sigo mirando a la chica. Su amiga le habla al oído. Hay mucha gente. Trato de esquivar a la marea de borrachos y drogados que se dirige a mí. Es como si Dios mandara a esta manada de drogadictos, para que no consiga hablar con ella. Pero soy Ulises. Mi destino es llegar con mi amada. Matar a todos sus pretendientes. Mi destino es hablar con la chica, a pesar de que Dios no quiera que lo haga. “!Voy a hacerlo, Dios!. ¡Aunque no quieras!”. Ya esta, la tengo enfrente de mí. Respiro hondo. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete veces. Me acerco. La toco la espalda. Ella se da la vuelta. Me mira. Arruga el ceño. Y sonríe. Me sonríe. No puedo apartar la vista de sus ojos. Levanto una mano. Le enseño el posavasos. Esta al revés y solo se ve una marca de bebida. Se ríe. Miro el posavasos. Le doy la vuelta. - Es para ti. - What?. ¡Mierda!. Es inglesa. No va a entender la poesía. ¡Que putada!. De repente su amiga me quita el posavasos de la mano. Lee lo que pone. Me mira. Vuelve a leerlo. Se ríe. Comienza a reírse. - Ya me lo quedo yo. - Muy bien, pero eso no es para ti. Es para ella. - Y crees que lo va a entender. Yo se lo traduzco. - Estas segura?. Quiero que lo entienda bien. - En serio, no te preocupes. Prometo que se lo traduciré todo al pie de la letra. - Muchas gracias. Miro a la chica. Me doy la vuelta, de repente. Me alejo. Veo a mis amigos. Están bailando con una chicas. Creo que son extranjeras. José esta metiendo mano a una de ellas, por debajo de la falda. Ángel trata de besar a otra de las chicas. Daniel esta hablando con una de ellas. Me acerco. - Voy al baño chicos. - Esta bien, Pastor, pero vente rápido para acá que creo que hay fiesta. – José saca la mano de debajo de la falda de la chica y se pone a bailar con ella. Salgo a la terraza de la discoteca. No se que habrá pensado de mi la chica rubia. Seguro que la amiga ni siquiera se lo ha traducido. Me da igual. Voy a hacer caso a José. No puedo encapricharme con la primera chica bonita que veo, porque si no, no tendría tiempo. Tiene razón. Voy a olvidarme de ella. Voy a emborracharme y a pasar de las tías. No voy a ligar en la vida. Soy feo y gordo. Nadie querría verme desnudo. Voy a olvidarme y a tomar una copa. Además, lo único que quiero es follar. No quiero tener nada serio con nadie. Quiero follar, quiero tener un cuerpo desnudo entre mis manos temblorosas, poder acariciarlo, poder agarrarme a sus pechos, como si fueran mis únicos salvavidas, en medio del océano. Quiero poder mirar su sexo, detenidamente, sin complejos, sin censuras, sin prisas. Eso es lo que quiero. Estoy solo, apoyado en la barandilla de la terraza de la discoteca. Son las 5 de la mañana. Para ser el primer día ya han ocurrido bastantes cosas. Mis amigos se lo están pasando bien con el grupo de inglesas. La música que sale de los altavoces es buena, muy buena. Pero me falta algo. La chica rubia aún no ha venido. Ya no la veo. He tratado de localizarla desde allí, pero me ha resultado imposible. Y si se ha ido. Y si la amiga ni siquiera le ha traducido la nota. Mi cabeza echa humo. “Olvídate de ella. Olvídate de todas las chicas del mundo. Vas a estar solo. Siempre. Es ley de vida. Eres gordo, feo, y quieres ser escritor. Nadie te va a comprender.”. “Eso no es verdad. La niña de mis ojos ha estado siempre a mi lado. Y me ha entendido”. “Hasta ahora. Ya no esta a tu lado. Tu la has echado. La has empujado de tu lado. Ya no tienes a nadie.”. Es verdad. Estoy solo. Suena mi teléfono móvil. Miro la pantalla. Es la niña de mis ojos. La tenia que haber llamado hacia mucho tiempo. Pero no lo he hecho. He decidido olvidarme de ella. Para siempre. - Hola Pastor. Ya que tú no me llamas, tendré que hacerlo yo. - Lo siento, se me ha pasado. Que tal estas. - Pues ya ves. Sin dormir por tu culpa. Habéis llegado ya? - Si, si. No he podido llamarte antes, porque según llegamos al hotel, soltamos las maletas y salimos a dar una vuelta. - Y esa música? - Es que hemos venido a una de las discotecas del puerto. El Divino. No esta mal. Además esta a reventar. - Ya… Bueno…. Veo que te lo estas pasando bien. Me alegro. Voy a ver si duermo algo. He estado esperando a que me llamaras toda la noche. - Lo siento, niña de mis ojos. - No pasa nada. No te preocupes. - Esto…. – Mis palabras se atrancan en mi garganta. No consigo decir nada. El miedo agarra las palabras y las impide expresarse, liberarse. - Dime Pastor… - Eh…. Nada, nada. Que duermas bien. - Gracias. Y tú pásatelo bien. - Gracias. Cuelgo el teléfono. Soy un mierda. Un puto mierda. Mi corazón comienza a Tranquilizarse. El bombeo de la sangre es mas regular. Trato de respirar, pausadamente. Aspiro, respiro, aspiro, respiro. - Hello. Tardo varios segundos en reaccionar. Mi mente trataba de engañarme. Intentaba convencerme que ese saludo no iba dirigido a mí. Por fin, voy girando lentamente. Hasta que lo totalmente. Allí esta. La chica rubia, saludándome, ofreciéndome la mejor de sus sonrisas. Sus ojos, azul océano, me observan delicadamente, tratando de forjarse una idea de mi persona solo con la mirada. - Esto…. Hello. Mi ingles es deprimente. Tan solo chapurreo algunas palabras. Pero a la hora de construir frases largas, soy incapaz de hacerme entender. Intento acordarme de todas las palabras en ingles que he aprendido a lo largo de mi vida. Trato de recordar como se construían las frases, donde se colocaba cada elemento, cada palabra. Imposible. Mi memoria es selectiva. Y el miedo hace que mi memoria haya olvidado todo lo relativo a ingles. - Me llamo Ann. Tu? Me imagino a Janes, la novia de Tarzan, el día de conocerle. Me imagino, en estos momentos, como me transformo en la chica. Y como Tarzan trata de mantener una conversación con ella. No se que decirla. No se como actuar. Mis manos comienzan a sudar. La copa que tengo en la mano se ha quedado sin hielos. Creo que ni todo el hielo del mundo, podría enfriar el líquido que hay en el vaso que sostengo, ya que mis manos son hornos. Hornos de pasión, de amor. Cada vez estoy mas convencido que quiero follarmela, quiero verla desnuda. Debe ser maravilloso. - Pastor. Mi name is Pastor. - Ok, Bailas?. - Si, si… Me ofrece su mano. La observo. Sus manos son como zarzas venenosas. Se que si le cojo la mano no podré soltarla. Me quedare pegado a ella, eternamente. Imagino que sus dedos son espinas, espinas de zarzales, que terminan en la palma de la mano llena de veneno, veneno pegajoso. Mi cabeza manda señales a todos los puntos neurálgicos de mi cuerpo. Ordena que mi brazo derecho se mueva inmediatamente. Noto como mi cerebro insiste. Cada vez con más ahínco. Al final mi cerebro consigue su propósito. Mi brazo comienza a moverse, muy lentamente. Tardo años en llegar a la zarza. Pero lo consigo .Agarro su mano como si fuera oro, como si fuera un tesoro. Mi tesoro. Comenzamos a andar. Entramos a la pista de baile. Ella comienza a moverse. Miro hacia todos los lados, tratando de encontrar a su amiga. No la veo. Necesito preguntarla si le ha traducido la poesía del posavasos. No la veo. Tampoco quiero preguntárselo a la guiri. No quiero que piense que me gusta su amiga. A mi me gusta ella. Mis pies comienzan a moverse. El alcohol que hay en mi sangre, hace que mis sentidos se distorsionen. Solo tengo ojos para ella. Mis manos solo sienten el roce de su cuerpo, mis oídos solo escuchan su respiración entrecortada. Mi lengua esta deseando conservar el sabor de sus pechos. - Coño, Pastor, vaya piba, no? – Es Daniel. Se ha cansado de hablar con la chica del grupo. No quiero que se quede conmigo. Quiero estar solo con ella. Nadie más puede disfrutar de ella. Solo yo. - Eh… si. No esta mal. Y los demás. - Allí andan. Están salidos. Encima a mi me han dejado la mas fea. Mira lo que te digo, Pastor. Si viene un rebaño de cabras a la discoteca y se acercan a la chica esta, la huelen un poco y se van. Seguro. – Comenzamos a reírnos. Miro a la chica rubia. De repente me coge de la mano y me lleva a la barra. Mientras nos vamos le guiño un ojo a Daniel. Este vuelve con el resto de amigos. Ann pide dos copas a la camarera de la barra. Mientras pedimos, consigo encontrar a la amiga de Ann. Esta en la terraza con otras chicas. Mi curiosidad me puede. La digo a Ann que espere un segundo en la barra. Salgo corriendo hacia la terraza. La amiga de Ann me ha visto. Paro de correr y ahora voy hacia ella con paso rápido. Ella se da la vuelta. Esperando lo que la voy a decir. - Hola… eh… gracias. - Gracias por que?. - Por traducirla la poesía. - No ha sido nada. - Por qué… se la tradujiste, verdad? - Pues claro, te lo prometí no… - Gracias… - Eso si… cuídala - No te preocupes, lo haré. Vuelvo a la misma velocidad a la que me fui, corriendo. Ann estaba esperándome con las dos copas en la mano. Cojo mi copa y la agarro la mano. Trato de reconstruir una frase en ingles. Me resulta casi imposible. - Vale. Leíste mi carta? - Si, me la leyó mi amiga. - Te gusto…? - Si, mucho. Es muy bonita. - No sabia que hacer para conocerte. - Es la primera vez que me dan una carta así. – No aguanto más. Mi cerebro comienza otra vez a dar órdenes. Mis neuronas tratan de besar a Ann. Mi cuello se tensa, mis labios se juntan, mis ojos se cierran. Ella sabe lo que voy a hacer. Me besa. Nos besamos. Noto la calidez de su aliento en mi boca, noto como su lengua trata de encontrar un tesoro debajo de la mía. Yo muevo la boca, desesperado, como si me quedara sin aire, y ella, fuera mi único oxigeno. Mis manos se mueven por todo su cuerpo, su culo, su espalda, su cuello, sus pechos, su sexo. Ann se separa, me coge de la mano y comenzamos a andar. No, no puede ser. Nos dirigimos al cuarto de baño. Me esta arrastrando al cuarto de baño de mujeres. No me lo puedo creer. Me dejo llevar. Quiero hacerlo. Quiero entrar al cuarto de baño de mujeres para follarmela, aunque nos pillen. Me da igual. Es inútil. Imposible resistirse. Entramos en uno de los baños que están libres. Nos besamos, apasionadamente. De repente ella, me desabrocha el pantalón vaquero. Me baja los calzoncillos. Mi pene esta fuera, reluciente, expectante. Es el pene más grande del planeta. Nadie la tiene más grande. Es un súper-pene. Ann comienza a agacharse hasta que su cara esta a la altura de mi pene. No voy a aguantar mucho más. Quiero eyacular. Quiero liberarme de todo el semen. Necesito vaciarme por dentro. Ann me esta haciendo una felación. Noto como su cabeza se mueve, una y otra vez. No voy a aguantar más. No puedo aguantar más. Mientras se mueve, acaricio su pelo, su cabeza, su cara. Mil imágenes acuden a mi mente. Mil situaciones sobrevienen a mi cabeza. Hasta que mi pene revienta. Un segundo antes trato de sacarla de la boca de Ann, pero ésta, no me deja, se queda mirándome desde abajo, con la boca abierta. Mi semen sale disparado. Es una bala del amor, lanzada por el súper-pene más grande del universo. Mi semen no es blanco, es rojo, rojo pasión, rojo ternura. Rojo sangre. Salimos del cuarto de baño, nadie nos ha visto. Volvemos a la pista de baile. Su mirada ha cambiado. Es más sensual, mas atrevida. Intento encontrar a mis amigos. No los veo. - Ann, voy a buscar a mis amigos. Ahora vuelvo. – Ella se limita a asentir. Ann solo quiere bailar. Solo quiere sentir como la música penetra en su cuerpo, como la música la posee, como el amo a su perro, como el marido a su esposa. Salgo a la terraza. No los veo. Vuelvo a entrar a la pista. Me doy un par de vueltas. Al final los encuentro. Están sentados en unos sillones, al fondo de la discoteca. Están solos.

3 Comments:

Blogger Pastor said...

Bueno chic@s, aqui teneis la primera parte del viaje. La verdad es que me esta costando bastante escribir esta parte, pero poco a poco va saliendo. Os voy a pedir un par de favores.
1) Dentro de poco colgare un par de relatos (no tienen nada que ver con la mierda de diario - novela). Me gustaria que diesesis vuestra opinión (que os parece, que cambiariais, etc...) a traves de los comentarios. Es un poquillo importante, asi que no dudeis en dejar vuestro comentario en los relatos que dejare en breve espacio de tiempo.
2) Seguir dejando vuestros comentarios sobre esta mierda de diario - novela. Tratare de llevar al día la publicacion de post, aunque en veranico cuesta un poquillo mas. Por cierto. Os habreis dado cuenta de que he cambiado el aspecto de la pagina.

Bueno, espero que os haya gustado este post. Ya sabeis que continuara (habra "fiesta" para mis compañeros de viaje tambien, no os preocupeis).

Un abrazo

12:50 PM  
Blogger erdani said...

Buenisisisimo!!!!!!Joder q fiesta.X cierto el tal Angel ese de q va???soy yo y le meto,x lo menos el se ha bañado x q lo q son los otros tres vaya guarros.(jajajajaja)Y el pobre Daniel con la mas fea aunque tenga novia no tiene nada q ver.¿¿¿se va a tirar todo el finde sin pillar a alguna q se la coman las cabras???todos a fo...menos el.Bueno Peter lo dicho, q es cojonudo.posdata:LAVA EL COCHE-JAJAJAJAJ

7:58 PM  
Blogger Pastor said...

Gracias por tu comentario Dani. El coche va a quedar niquelado en breve. Os digo un secreto. Mi coche es de color rojo, lo que pasa es que con la mierda ya no se ve.... En cuanto a lo de follar.... ya veremos. En principio lo tengo mas o menos pensado, pero vamos a ver. Por cierto, si alguien tiene un blog y quiere que le enlace o algo no tiene mas que dejarme la direccion aqui. (ya os habreis dado cuenta que acabo de descubrir que puedo enlazar a otras paginas. la unica que tenia a mano era el gran blog, el mejor blog de literatura de la historia, un blog sin igual, con tropecientos mil post diarios. Es el blog del gusi.)
Un abrazo para los chicos y un besazo para las chicas (por cierto, creo que me he pasado con las tetas de la foto, pero....es lo que hay).
Hasta luego.

9:18 PM  

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