jueves, junio 29, 2006

¿SUPER HERORE?

Las horas pasan muy lentamente. Mi sustituto, Iván, aprende rápidamente. No me quita ojo de encima. Esta continuamente tomando notas en un cuaderno de cuadros antiguo, lleno de pegatinas. Los segundos son como rocas. Rocas enormes que trataras de mover para lanzarla al vacío, pero que, por mucho esfuerzo que hagas, solo se mueven milímetros. Y cada esfuerzo que haces, la roca enorme se mueve menos, hasta que, exhausto, sin fuerzas, la roca se para. Se inmoviliza. Se niega a moverse. Eso es exactamente lo que me esta pasando a mi. Trato de empujar el tiempo para que vuele, para que corra como nunca antes lo había hecho. Pero es inútil. Estoy cansado de empujar. Mi muñeca me duele de tanto mirar la hora. El tiempo se ríe de mí. Me tortura. Quiere que permanezca en la oficina eternamente. Quiere atarme a la silla de mi mesa y tenerme allí. Delante del ordenador y de una pila de documentos. Sin poder moverme. Eternamente. - No lo he entendido muy bien. Las facturas de proveedores tienen que estar facturadas el 15, junto con las emitidas. - Nooo, Iván –Mi paciencia se empieza a acabar. Mi voz refleja mi estado de ánimo. Tranquilo Pastor. El no tiene la culpa. La puta culpa la tiene el tiempo. Las manecillas de tu reloj, de todos los relojes del universo – Las facturas de proveedores tienen que estar contabilizadas el día 15, pero las emitidas por la empresa tienen que estar facturadas antes del día 10. Por lo que, tres o cuatro días antes, deberás avisar a las secretarias de cada sección de la empresa para que te envíen las facturas a tiempo. - Ahhh, vale, vale. Espera un segundo. – De repente su cara desaparece. Pareciera como si el cuaderno se lo fuera a engullir de un momento a otro. Esta escribiendo lo que le acabo de decir. En realidad escribe todo lo que digo. Si en un determinado momento, dijera que me encantaría follarme a su madre, estoy seguro que lo escribiría sin tan siquiera percatarse de lo que acaba de escribir. Iván es un chico alegre. Simpático, agradable. Casi todo el mundo habla con el, y el, por supuesto, habla con todo el mundo. Es justamente lo contrario a mí. No quiero explayarme en una descripción exhaustiva de Iván. Solo distinguiré dos cosas que me llamaron la atención. Una. Sus ojos. Son unos ojos marrones. Pero no un marrón normal. Son de color miel. Cuando te quedas mirándole fijamente a los ojos, ves a un vampiro, a una persona que por el día es un ser normal, pero que por la noche, se transforma en el ser mas despreciable de la faz de la tierra, en alguien capaz de estrangularte por un poco de sangre. Capaz de torturar, flagelar y asesinar sin piedad a cualquier persona por una vaso de sangre a punto de coagularse. La otra característica que me llamo la atención de Iván, es que es gay. No se le nota. No tiene lo que se llama pluma. Pero tiene algo que le hace diferente. Es sensible (o eso creo). Además tiene gestos amanerados. Las manos se le caen como si le pesaran enormemente. Y cuando habla, su voz se quiebra al final de cada frase. Por lo demás es un chico sencillo, listo, y simpático. Las 11 de la mañana. Puto jueves. Es increíble como el tiempo puede llegar a jugar contigo, con tus sentimientos. Cuando más quieres huir de algún sitio, el tiempo, como si supiera que lo más importante de tu vida, en ese momento, es que pase el tiempo lo más rápidamente posible, se ralentiza. Te deja con la miel en los labios. Segundo a segundo te recuerda que quieres salir, que quieres escapar de un manicomio lleno de hombres cuerdos, cuya locura es el trabajo. Te sodomiza. Te esclaviza. Como un amo con su perro. - Salimos a fumar, Iván. Estoy un poco cansado. - Si, si. Me apetece fumar ya. Salimos a la calle. No podemos fumar dentro del edificio. Antes, cuando estaba solo, me quedaba dentro, al lado de una ventana, tratando de echar el humo por ella. Ahora me da igual. Lo que quiero es terminar cuanto antes, quiero que las manecillas de mi reloj se vuelvan locas y que, de repente, me marquen las 6 de la tarde. Quiero estar placidamente sentado en una habitación cualquiera, con mi ordenador portátil, escribiendo mi novela, mientras una chica rubia, con las tetas mas grandes de la tierra, me esta haciendo una felación. - Esto…., Pastor. Puedo contarte algo - Por supuesto Iván, dime, que dudas tienes - No, no. No tiene nada que ver con el trabajo. Necesito contárselo a alguien, porque si no reviento. - Dime entonces Iván. - No se por donde empezar. La verdad es que me da un poco de vergüenza hablar contigo de esto, solo nos conocemos desde hace unos días, pero… - Venga Iván. - Vale, vale. Bueno. Lo primero de todo tengo que decirte que soy gay. - Eso ya lo sabía. - Que ya lo sabias??? – Su cara de sorpresa hace que Iván parezca mas gay de lo que aparenta – - Si. Hay algunos detalles que te delatan. - Joder. Creí que los tenía controlados. Lo dices por lo de la mano, verdad??? - Si. Y la voz. Hay veces que se te quiebra. Sobre todo al final. - Bueno, a lo que vamos. Tengo un novio. Hace unos 3 meses que salimos. Al principio todo era maravilloso, pero luego…. Todo se torció. Comenzó a ponerse celoso por todo. No me dejaba salir ni a comprar el pan. Me estresaba. Me hacia sentirme mal. Uno de esos días… bueno…me fui de casa. Era de noche. Ya no lo soportaba más. Tuvimos bronca, e incluso trato de pegarme, pero en el último momento, cuando me iba a golpear, se arrepintió. A pesar de todo ya me había pegado antes. Me había dado con la mano abierta en la mejilla. Lleve la marca de sus dedos durante unos días. Maldito hijo de puta. Ayer mismo comenzó a vaciar los cajones y a deshacer los armarios tirándolo todo por el suelo, rompiendo todo lo que encontraba a su paso. Creía que le estaba poniendo los cuernos. Esta loca. Tuve que salir de esa casa. Ayer estuve andando sin rumbo fijo hasta que di con el local en el que nos conocimos hacia ya unos 3 meses. Decidí entrar y beber hasta emborracharme. Y… bueno…. - Y conociste a otro??? - Joder, Pastor. Como coño lo has sabido??? - Intuición – Pastor, contrólate. No le digas que su historia te importa una mierda. No le mandes a tomar por culo. Escúchale. Aprende a escuchar. - Pues si. Conocí a otro. Fue todo sexo. Sexo en el baño del local, sexo en su casa. Sexo en todas partes. Me gusto. Me gusto la libertad, me gusto no tener que pensar en volver a casa a preparar la cena para nadie, excepto para mi. Me gustó pensar en mi mismo por una noche. - Te entiendo. - Eres gay??? – La pregunta me sobresalto. Pero como se atreve este maricón a preguntarme eso. No. No soy gay. Pero si lo fuera, estoy seguro que no seria como tu. Seria el gay más putón de la historia. Seria el mejor escritor gay de la historia. Seria el maricón mas aclamado de la televisión. - No, no soy gay. - Que pena. - No me estarás tirando los trastos??? - No, no te preocupes. Joder con los heterosexuales. En cuanto un gay les habla, se creen que queremos follarnoslo. - Hombre. No estoy acostumbrado. - Y sobre lo mío???, Que opinas???. - No se, Iván. Yo lo tendría claro. Dejaría a tu novio, y me iría al local aquel a follarme a otro hombre hasta que reviente. Luego me gastaría todos mis ahorros en un billete de avión a Londres y viviría allí hasta que cogiera asco a los londinenses. - Pero que cosas tienes, Pastor!!!!. – Iván, en ese momento, acentúa el ademán de la mano – - Bueno, vamos para arriba. Hay que seguir trabajando. - Si, si. Vamos. El tiempo seguía sin correr, aunque a partir de ese momento avanzaba con un paso más rápido. Por un momento pensé que los gays eran gente distinta, gente sensible, que viven su vida, que tienen un par de cojones para asimilar su sexualidad. Pensé que los gays estaban hechos de otra pasta. Como si Dios los hubiera dado un papel distinto al resto. Como si los hubiera dotado de poderes distinto a los del resto de los humanos. Pero no. Iván me contó una historia que podía haberle pasado a cualquiera. A mí, al vecino, a mi jefe. A cualquiera. Es una historia real, verídica, terrenal. Iván no es un súper gay, no es un superhombre. No. Es un ser humano. Un hombre que le gustan los hombres. Un individuo anónimo acosado por su novio. Un ser humano asustado y acobardado por otro ser. Son las 6 de la tarde. Por fin. Las manecillas de mi reloj están paralelas. Marcando las 6 en punto. El tiempo no ha volado, no ha corrido. Se ha reído de mí. Pero, es a partir de ahora cuando todo cambia. El tiempo, de repente, se dispara. Como impulsado por un resorte ancestral. Impulsado por una alarma, conectada a esa hora para cambiar la velocidad del tiempo, para impulsar a la humanidad a una carrera de obstáculos universal. De repente, el mundo gira sin control. La gente no anda, corre. Los coches no se mueven, vuelan. Quiero llegar a casa. Quiero tener en mis manos el aparato que paralice al mundo. Quiero controlar el tiempo. Desearía en estos momentos poder apretar un botón y que todo se detenga, excepto yo. Me gustaría poder andar entre la gente paralizada justo en el momento en el que una persona iban a coger el teléfono móvil para hablar con su jefe. Desearía poder coger ese móvil, arrojarlo a la basura. Desearía poder liberar a esa persona del yugo de la sociedad, me gustaría liberarlo, trataría de que volviera a ser persona. Me gustaría poder observar una carretera en la que todos los coches estuvieran parados. Ver por entre las ventanas a un hombre a punto de tocar el claxon de su vehículo, con cara de pocos amigos. Me gustaría, con un simple dedo, cambiarle el gesto de la cara. Ponerle una sonrisa de oreja a oreja. Me gustaría desviar su destino hacia una playa desierta. En la que no tendría que volver a conducir, y en la que su cara, jamás adoptaría esa expresión de infelicidad. Iván y yo salimos siempre juntos del trabajo. Los dos tenemos que viajar en transporte público a nuestras casas. Salimos hablando de nuestras cosas. Repasando todas las explicaciones que ese día he tratado de enseñarle (la mayoría sin éxito). No repare en él. Alguien me da un toque en el hombro, por detrás. Me doy la vuelta. Es un hombre fuerte, alto, moreno, lleva gafas de sol. No le veo los ojos. Iván, en esos momentos también se da la vuelta. Oigo como suelta un grito ahogado. Es un grito mudo, sin sonido. Miro a Iván. Esta mirando al hombre que me ha tocado el hombro con cara de incredulidad. - Quién coño es “este”? Iván no contesta. Primero me mira a mí. Luego vuelve a mirar al hombre. - No te importa – La voz de Iván suena más gay de lo normal. - Dime quién es?. - Soy Pastor. – Oigo mi voz. Me suena lejana. No me puedo creer que haya hablado. Tengo miedo. Ese hombre es más alto y más fuerte que yo. Jamás me atrevería a pegarle. Ni tan siquiera a llevarle la contraria. Pero mi voz, a pesar del temblor, ha sonado autoritaria. - Pastor. Bonito nombre. ¿Y que se supone que haces con mi novio?. Me lo imaginaba. El novio celoso de Iván. Mis neuronas comienzan a recalentarse. Mi cerebro comienza a bombear órdenes. Mis músculos se tensan. Nunca, en mi vida, había pegado a nadie. Jamás. Ni de pequeño. Solo una vez tuve una pelea. Tenía unos 10 años. Estaba en el parque que hay al lado de mi casa. En ese parque siempre estaba un chaval tratando de hacer la vida imposible a los más pequeños. Era yonqui. Trato de robarme una pelota que me había bajado para jugar con mis amigos. No me acuerdo muy bien como paso. Solo tengo fotografías aisladas en mi memoria. Una de las imágenes que me vienen a la mente cada vez que me acuerdo de esa pelea es la del chaval subido encima de mí. Yo me encontraba en el suelo. Y el chaval me golpeaba la cara. Una y otra vez. Yo trataba de agarrarle la cabeza. Trataba de arañarle la cara, el cuello. De repente, vacío. No me acuerdo de cómo paro la pelea. No se si alguien nos separo o si conseguí deshacerme yo mismo. Lo que si me acuerdo es que cuando llegue a casa tenía el pantalón de mi equipo de fútbol preferido roto. Y lloré. Pero no lloré por la pelea, o porque me doliera algo, sino porque jamás volvería a ponerme esos pantalones. Mi memoria vuelve al presente. Aprieto los labios. Los dientes rechinan. Cierro un puño. Alguien me dijo alguna vez, que en una pelea, es mejor golpear primero. Y, cuando golpeas primero, hay que hacerlo sin parar. Porque si el primer golpe se falla, puedes perder la pelea. No se por qué lo hice. Fue instinto animal. Fue un estallido de mis sentimientos. Imaginé que el hombre gay que acosaba a mi compañero era mi jefe, mis padres, mi novia, mi vida, mi alma. Imagine que ese individuo eran todas las cosas malas juntas. Y le golpee. Primero le di un puñetazo en la nariz. Lo sé porque cuando volví a abrir los ojos se estaba sujetando la nariz. Sus gafas habían volado al lado de Iván. Los cristales se hicieron añicos. El segundo golpe se lo di en la cabeza, en la frente. El tercer golpe le provocó una hemorragia en la nariz. El cuarto golpe fue con la rodilla. El hombre estaba agachado, tratando de recuperarse, tratando de tranquilizarse, intentando cortar el derrame de sangre que emanaba de su nariz. Me acerque a el. Le agarre la cabeza y le di con la rodilla. Cayó hacia atrás. Y se quedo allí. Tumbado en la acera. Retorciéndose de dolor. Iván no movió un músculo de su cuerpo. No ayudo al que era su pareja. Se quedó mirándole como sangraba, como se retorcía. Yo también me quede paralizado, pero por el dolor de mis puños, por el sabor de la sangre de ese hombre. Y, en un instante, me asuste. Me asuste de mi mismo. Sabía que se lo merecía. Se merecía esa paliza. Pero no mía. Yo no. Me sentía sucio. Me sentía el hombre más horrible de la tierra. Y corrí. Corrí sin parar. Hasta que llegue a la boca del metro. Monté en el tren que, justo en ese momento llegaba a la estación. Trate de limpiarme la sangre con un clinex, para que la gente dejara de mirarme. Comencé a tiritar. Los músculos del brazo se contraían y se estiraban espasmódicamente. Me vino una idea a la cabeza. Una idea perversa. Asquerosa. Pensé que ese cabrón maltratador tendría su sangre infectada de sida. Y que me lo había contagiado. Deseche ese pensamiento de inmediato. Logre sentarme en uno de los asientos que estaban pegados a la puerta. Cerré lo ojos, tratando de evadirme. Ahora lo que necesitaba era que el tiempo volviera a correr. Necesitaba el aparato diseñado por extraterrestres que consiguiera acelerar el ritmo del tiempo. Que consiguiera hacerme volar por el espacio hasta llegar a mi cama. Desee con todas mis fuerzas no haber hecho eso. Porque, a pesar de todo, los ojos color miel de Iván reflejaban miedo. Miedo hacia mí.

¿SUPER HERORE?

6 Comments:

Anonymous sonia said...

Vaya Pastor, parece que has venido con fuerzas de tu viaje de Ibiza, eh!!!
No sabía yo que tuvieras ese instinto tan desarrollado de las peleas y del mundo gay.
En fin, que me alegro mucho que hayas seguido escribiendo en el diario. Por lo menos el verano, para los que nos quedamos sin vacaciones, se hará un poco más entretenido.
Por cierto, ¿dónde buscas esas super fotos que pones....? eres un rayao, pero me gustas.
Un besito, y hasta la próxima publicación.

8:41 PM  
Anonymous Anónimo said...

Muy buena tu historia, ahora a ver si hay suerte y algun editor se fija en la historia y publiques este diario, no pares de "teclear" esta historia que engancha. Suerte!

4:11 PM  
Blogger Pastor said...

Gracias, "usuario anónimo". Espero que tú no pares de leer esta locura de diario - novela. En cuanto al editor, no creo que se fijen, aunque intentare seguír escribiendo.Gracias de todos modos.

9:35 AM  
Blogger erdani said...

Hello¡¡¡¡¡soy tu lechuga.Oye q palizon no???Yo soy Pastor y le doy otra al talIvan ese x moro.JAJAJAJAJAJA

8:31 PM  
Anonymous silvia said...

hola Pedro! Qué agresividad la de Pastor, creo que no tiene nada que ver con el Pedro que conozco, verdad? A veces parece que ese personaje refleja tu personalidad pero por momentos todo lo contrario. Bueno, que me está gustando, ojalá algún dia salga publicado, me alegraría mucho.

12:55 AM  
Blogger Pastor said...

Gracias Silvia...En principio pastor tiene comportamientos que yo jamas aprobaria, pero en esencia, pastor si se parece a mi. Me alegra que te vaya gustando el diario. Y ojala se cumpla lo que dices y se publique, aunque para eso tendria que moverme. Un besazo

2:28 PM  

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